Invocación

Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad,
mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste,
a Ti, Señor, lo retorno.
Todo es Tuyo: dispone de ello
según Tu Voluntad.
Dame Tu Amor y Gracia,
que éstas me bastan.
Amén.

Del santo evangelio según san Juan (13,31-33a.34-35):

Cuando salió Judas del cenáculo, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Palabra de Señor

Meditación

Los cristianos cumplen con la ley y más, porque se rigen por una ley llamada amor, observaba Tertuliano, frente a la demanda de los romanos, por la incomodidad que comenzaba a causar la vida de los discípulos de Cristo entre la gente. 

Muchos podrían pensar que el cristiano es una pose frente a la sociedad, una pose que cumple con ciertas cosas para dar un valor moral a su vida, incluso un estatus social. Pero el cristianismo no se reduce a prácticas. Porque finalmente el cristianismo no es una idea seguida por muchos, una idea puede ser rebatible, cuestionable y después de ella se pueden postular otras ideas, como diría Benedetto Croce: “un sistema de pensamiento viene a suplantar a otro y a otro, porque así es la vida y siempre será así”. Pero lo que nos distingue como creyentes y seguidores de Cristo es que, nosotros no creemos en una idea, creemos en una Persona y esa persona para nosotros es Cristo que está vivo, no como un recuerdo, sino entre nosotros. Le preguntaban al Padre Tardif si él creía que Cristo estaba vivo, él respondía que si; de hecho tiene un libro que se llama Cristo está vivo. 

Este es el fundamento del creyente, que en la oración y en los Sacramentos, como en la Palabra se guarda una intima relación con Jesús el Señor, desde el cual brota el amor con el cual amar, brota espontáneo. Hoy la psicología emocional postula que si se tienen pensamientos y creencias sanas, entonces se generan emociones sanas; podemos decir que, quién tiene el amor de Cristo como centro y fundamento de sus pensamientos y creencias, tiene siempre emociones sanas, porque eso es la santidad, la salud del alma y del cuerpo; bien dirían los sacerdotes de dos generaciones anteriores, los que fueron formados por los sacerdotes de la persecución en nuestro país: “hay que ser sanos, santos y sabios”, y agrega Don Ars, fundador de las Discípulas y misioneras de Cristo Buen Pastor: “si, hay que ser sanos, santos, sabios y simpáticos. 

Pues bien estos frutos, esta marca en el mundo, estos pasos tras Cristo, surgen de forma espontánea cuando tenemos un trato intimo con Aquel que venció a la muerte, el Amor mismo, Cristo. Amor procede del latín: a: sin, mors: muerte, lo cual quiere decir: Sin muerte. Cristo es el Sin muerte por excelencia, aquel que ha vencido a la muerte y vive y reina por los siglos de los siglos. Cuando nos experimentamos amados, experimentamos que nada nos puede matar, y no nos equivocamos porque el amor de Cristo nos eterniza. 

¿Saben hermanos? En esto nos conocerán: en que guardamos el amor que Cristo nos tuvo, y que lo compartimos entre los unos a los otros como lo dice el Evengelio. Es decir, nosotros, como hermanos, nos vamos pronunciando a través del servicio ese a-mors, sin muerte, recordándonos a través de la vida misma que no moriremos. Este es nuestro galardón, que nunca moriremos, creemos en la vida eterna, de lo contrario sería vana nuestra fe dice San Pablo en la carta a los Corintios. 

Sobre los cristianos de la primera Iglesia se oía decir: “mírenlos como se aman”, es decir: mírenlos como viven desde aquí ese, no muerte. Ojalá que así digan de nosotros, que nuestra vida exprese con todos sus fuerzas aquellas palabras que decía Gabriel Marcel: “amar a alguien es decirle tu no morirás”. Pues este ha sido el mandato del Señor para con nosotros: “ámense los unos a los otros”.  

Oración

señor, como tu quieras debe sucederme y como tu quieras así quiero caminar, ayúdame solo a comprender tu voluntad. Señor cuando tú quieras entonces es el momento, y cuando tú quieras estoy preparado hoy y en toda la eternidad. Señor lo que tú quieras eso lo acepto, y lo que tu quieras es para mi ganancia, basta con que yo sea tuyo. Señor porque tu lo quieres por eso es bueno y porque tú lo quieres por eso tengo valor. mi corazón descansa en tus manos, Amén.

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