Invocación

Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.
Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente.
Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.
Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.
Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.

San Agustín.

Del santo evangelio según san Juan (14,15-16. 23-26):

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: «Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad.
El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.
Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará  todo cuanto yo les he dicho».

Palabra de Señor

Meditación

Nos encontramos en el marco de la solemnidad de Pentecostés y con ello, hemos llegado al final de la pascua. Con la solemnidad de la Ascensión del Señor, se nos invita a ser testigo del amor de Cristo y la presencia de el Reino de Dios en medio de nosotros. La experiencia de Dios que cada uno posee, no es un bien privado o exclusivo, es mas bien algo de dominio publico, que debe ser comunicado y compartido con los demás. Es nuestra tarea como verdaderos Cristianos: anunciar que el Reino de Dios ha llegado.

No es fácil dar testimonio de algo, porque aquello implica mi palabra y mi presencia, aquello me compromete a dar fe y veracidad sobre algún determinado acontecimiento, esta acción puede tener repercusiones positivas o negativas en mi vida y mi persona. Y es aquí donde toman sentido estos versículos que escuchamos en esta solemnidad de Pentecostés, los tres grandes motivos que Dios nos revela a través de su Palabra son: la promesa de la venida del Paráclito o consolador; la venida del Padre y el Hijo al alma del discípulo que cree y cumple su Palabra; y la presencia del Espíritu Santo como maestro que guiará la vida de aquellos que deciden vivir y manifestar la misericordia y el Perdón de Dios en un Reino de amor y fraternidad. 

El Espíritu Santo que se ha derramado en Pentecostés, es el encargado de animar, consolar, alentar y fortalecer a todos aquellos que optan por vivir y construir el Reino que se ha manifestado en Dios. Es la llama del amor que quema cualquier aspereza, que cruza fronteras y rompe esquemas viejos para convertirlos en nuevos. El Espíritu Santo llega a personas de toda raza, lengua, pueblo y nación.

Contemplación

Si me aman, cumplirán mis mandamientos:
Mi relación con Dios ¿es verdaderamente una relación de amor? Qué espacio abro en mi corazón para que se manifieste la presencia del Señor? ¿Cómo procuro mantener mi relación de discípulo cristiano con la Palabra y los mandamientos que Jesús nos ha dejado para nuestra felicidad plena?

Les recordará todo cuanto yo les he dicho:
¿Me esfuerzo por tener presente aquello que Jesús me ha dejado como norma de vida? La Palabra del Señor es un tesoro muy precioso; es una semilla de vida que se ha sembrado en mi corazón; ¿presto atención a esta semilla?

Acción

Llevare conmigo siempre algo que me recuerde vivir en el amor de Cristo, tratando de hacerlo efectivo en cada situación que se me presente a lo largo de mi día.

Oración

Gracias señor por este encuentro con tu Palabra, gracias porque, por medio de esta  meditación, me enseñas a mirar las necesidades de mis hermanos antes que las mías, enséñame a ser paciente y misericordioso como tú. Que tu Palabra Señor habite en mí ahora y por siempre, amen.

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