Invocación

Jesús de Nazaret, Hijo y Hermano, Viviente en Dios y pan en nuestra mano, camino y compañero de jornada, que tu Espíritu nos comunique la vida plena que procede de tu Padre para que podamos responder al mundo entono de comunión y fraternidad, Jesús de Nazarer, nuestro mañana. Amén.

Del santo evangelio según san Juan (16, 12-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podrán cargar con ellas por ahora;
cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena. Pues lo
que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mi lo que les irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y se los lo
anunciará.»

Palabra de Señor

Para comprender el evangelio

Para el evangelista san Juan no existe otra autoridad más importante, después de Jesús, que el Espíritu mismo. Ya por varias ocasiones Jesús habla de él como el que consuela y el que comunica y conduce a la verdad. Las primeras comunidades cristianas después de la muerte y resurrección de Jesucristo fueron tomando conciencia de que la presencia de Dios seguía alentando la vida de todos, ellos contaban con la promesa de Jesús para seguir fortaleciendo a la comunidad. San Juan ha querido hacernos ver que Dios nunca se aleja de lo que ama, que vive presente de formas siempre nuevas y constantes en la comunidad.

La importancia de este pasaje del evangelio está en comprender que de Dios no se sabe todo de una vez y para siempre, Dios no es una cosa inmóvil sino una presencia dinámica a la que hay que poner singular atención, de lo contrario puede pasar desapercibida. El decir de Jesús tiene que ser siempre reinterpretado y puesto en consonancia con la realidad de cada momento, sino es así, corremos el riesgo de entrar en contacto con él como si fuera un dato de museo y no como el Señor resucitado. Este evangelio nos pone en guardia contra las ideas de creer que de Dios lo sabemos todo de una vez y para siempre.

Meditación

Este domingo en la Iglesia celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y es un momento interesante para comprender que la presencia de Dios no es algo fijo ni determinado, sino la armonía delicada de Tres personas que se comunican intensamente. Algunos han expresado a la Trinidad como una danza de amor. 

A nosotros se nos invita a entrar en comunicación con Dios a través de la comunidad, es decir, así como ellos son comunidad, nosotros tenemos que hacer expresión de esa comunión, para eso la Iglesia. 

La Trinidad es el amor desbordado de Dios que se da al mundo, que en el mundo se hace carne de nuestra carne y que acompaña la historia hasta que un día sea toda ella armonía de Dios.

A veces vivimos más pendientes de tratar de explicar qué es el misterio de la Trinidad y no caemos en la cuenta de que ese misterio es en primer lugar presencia imborrable, es don en la creación y tarea en la búsqueda de nuestra liberación. Gracias a Jesús sabemos que Dios es Padre que crea por amor y sólo por amor, Hijo que se entrega con pasión y Espíritu que acompaña, consuela, libera como santificador.

Oración

Al Cristo de la Trinidad
Pedro Casaldaliga 

Tus manos sobre los hombres, por Ti llegados a Dios, y acogidos en familia de igualdad que es comunión.
Tus manos en las del Padre, corriente de un mismo Espíritu, que guía nuestros senderos a ritmo de vida y viento.
Tus manos en cruz tendidas hacia las manos del Mundo, rutas del tiempo nuevo, Camino, Verdad y Vida.
Trinidad que pisa el suelo para hacernos todo a todos. Manos-Casa; Llagas-Pascua, Alas-Vuelo; ¡Uno y nuestro!
Trinidad que nos arrastra a vivir con la alegría que va dentro, como hijos, como hermanos, por tanto camino incierto.

Acción

Lo que hoy nos invita esta festividad es a potenciar y resignificar la vida en comunidad, no se trata solo de convivir sino de intentar vivir como vive la Trinidad, es decir, en constante comunicación, poniendo en común las tareas e impulsando todo aquello que nos urge construir. Más que una receta, la Trinidad nos inspira a dejar de lado lo superficial y reconocer que hay algo mucho más amplio e importante que mi propio interés, la fuerza salvadora de Dios que lo abarca todo y lo asume todo. Que esa sea hoy nuestra fuerza .

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