Invocación

Que seamos, Señor, manos unidas en oración y en el don. Unidas a tus Manos en las del Padre, unidas a las alas fecundas del Espíritu, unidas a las manos de los pobres. Manos del Evangelio, sembradoras de Vida, lámparas de Esperanza, vuelos de Paz. Unidas a tus Manos solidarias, partiendo el Pan de todos. Unidas a tus Manos traspasadas en las cruces del mundo. Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua. Manos abiertas, sin fronteras, hasta donde haya manos. Capaces de estrechar el Mundo entero, fieles al Tercer Mundo, siendo fieles al Reino. Tensas en la pasión por la Justicia, tiernas en el Amor. Manos que dan lo que reciben, en la gratuidad multiplicada, siempre más manos, siempre más unidas.

Lectura del Evangelio según S. Lucas (9, 51-62):

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”. Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré adondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”. A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”. Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. 

Palabra del Señor

Meditación

Su campaña mesiánica en Galilea estaba preparada para otra etapa: la gente había comprendido de qué se trataba eso del «Reino de Dios» y simpatizaba con Jesús. Era preciso ahora entrar en otra etapa, la de «movimiento», más organizado. Había que dar una nueva vuelta a los pueblos; pero ahora mucho más breve, y faltaban operarios. Para irle preparando la infraestructura y ambientación eligió a algunos discípulos (12X12=144), y si cada uno trabajaba por dos, serían 72. 

Los envió de dos en dos (contra protagonismos o subjetivismos), y les comunicó su posible calendario, para calcular tiempos. Para una buena campaña publicitaria se requiere, colaboradores suficientemente preparados y sobre todo, muchos recursos. Se puede decir que el dinero que se requiera es inversamente proporcionado con la calidad del producto (los buenos productos se recomiendan por si mismos). Por ejemplo; 30 segundos de publicidad para el Superbowl costó 6 millones de dls. Igual sucede con las campañas políticas (para las elecciones del 2015 el INE dio 6 mil millones de pesos a los Partidos, y la gran parte de los gastos no fueron para difundir mensajes, sino simplemente jingles pegajosos. 

Por tanto, Jesús los envió prácticamente con lo que llevaban puesto. No llevar morral, como Antínes, filósofo cínico griego, que llevaba uno donde guardaba las sobras. Sin dinero. Así resaltaría la calidad del mensaje, la Palabra. Los envió totalmente vulnerables: para los lobos que merodeaban rebaños de ovejas, no llevaban ni un báculo para defensa, ni sandalias para huir. Los envía directamente, sin detenerse (no se trata de no dar las buenas tardes; pero tampoco de distraerse o desviarse). Buscar una casa digna y dejarles la paz, eso sería lo más importante. No cambiarse de casa, para crear allí comunidad. La defensa será esa misma palabra, útil para aplastar serpientes y escorpiones. Les da “poderes”, curar enfermedades y expulsar demonios. 

A veces, los pastoralistas nos fijamos más en los recursos materiales que en el testimonio del mensajero.  Eventos con formidables escenarios y publicidad sólo satisfacen unos minutos de ilusión. Nuestro poder es curar enfermedades, cada sociedad tiene las propias (ahora, la indiferencia, la discriminación, la evasión de impuestos), y también sus demonios (la «post-verdad» de noticias falsas, la corrupción, la violencia). Eso será nuestra fuerza. Con más testigos comprometidos, la fe cristiana fructificará más.

Contemplación

Señor Jesús, tú nos envías, mejor dicho, tú nos traes.  La llamada precede a mi respuesta. Tú nos equipas con lo necesario: pizca de amor cargada de energía, misericordia que lo cambia todo, cada día una nueva oportunidad. Me haces saber que estoy aquí́ para algo. Sin forzarlo, das un rumbo a mi vida: una tímida misión a este mundo. 

Acción

Procuraré hacer de todas las eucaristías a las que acuda, un recuerdo y un impulso para ser cada día más entregado a la consolidación de un mundo más justo.

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