Invocación

Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.
Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente.
Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.
Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.
Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.

Lectura del Evangelio según San Lucas (10,1-12. 17-2):

En aquel tiempo, Jesús designo a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores son pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envió como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: «Que la paz reine en esta casa». Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: «ya se acerca a ustedes el Reino de Dios».

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: «hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pues nos los sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca». Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad». 

Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: «Seór, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre».

Él les contestó: «Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo».

Palabra del Señor

Meditación

Los discípulos de Jesús deben compartir la vida con las personas en sus casas, en sus hogares, en la mesa. Encontramos así, cuatro pilares fundamentales en la vida de las comunidades cristianas: hospitalidad, compartir, comunión en torno a la mesa y acogida a los marginados. Aquellos que se consideran Verdaderos discípulos de Cristo deben volcar su vida en pro de estas cuatro características, solo así podremos responder fielmente al llamado de Dios. Construyendo comunidades con un nuevo Mode de vida, un cambio de pensamiento, un nuevo modo de convivir y de obrar.

 ¿Cuales son las cosas que el señor me ordena hacer y cuales debo evitar?

¿Por qué todas esas formas de comportarse recomendados por el Señor son una señal de la venida del reino de Dios?

Contemplación

El misionero es un discípulo designado para la misión, es el que se encarga de proclamar el mensaje de Jesús. Esto es muy importante porque deja ver la dimensión comunitaria de la misión, es decir, todos somos responsables de la proclamación y la construcción del Reino de Dios así como de la difusión de la buena noticia. Orar para que el dueño dé la mies envíe operarios. 

La misión no es una tarea fácil, trae consigo muchas consecuencias, si bien, positivas para aquellos que escuchan y aceptan el mensaje el Evangelio, también negativas por parte de quienes hacen caso omiso de lo que esta buena noticia nos trae, así pues, el discípulo queda expuesto a los ataques y ultrajes de aquellos sistemas que intentan sofocar la verdad.  

Jesús nos invita a no llevar nada que no fuere el signo de la paz. El discípulo que acepta esta encomienda confía en los medios que Dios pone, confía en la calidez de la gente, en el buen corazón y la hospitalidad de las comunidades. Se presenta aquí un símbolo muy importante de las comunidades del Reino de Dios; comunidades que comparten, que incluye, que hacen sentir a los demás la presencia viva del Señor que ha resucitado y se hace presente en medio de los pueblos que practican la paz y la justicia de Dios.

Acción

Haré de mis acciones diarias una forma de vivir la eucaristía, en justicia, fraternidad,  paz, solidaridad, y amor.

Oración

Gracias señor por este encuentro con tu Palabra, gracias porque, por medio de esta  meditación, me enseñas a mirar las necesidades de mis hermanos antes que las mías, enséñame a ser paciente y misericordioso como tú. Que tu Palabra Señor habite en mí ahora y por siempre, amen.

.

122