Oración

Señor, ábreme el corazón para que pueda entender aquello que Tú nos has enseñado, y pueda grabarlo en mi corazón. Sopla sobre mí tu Espíritu para que sea capaz de vivir tu Palabra. Para que llegue a la verdad plena. Amén.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en un Poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra, Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará” .

Palabra del Señor

Meditación

El evangelio nos presenta una escena donde Jesús, que va de camino hacia Jerusalén, se detiene en una aldea. En aquel lugar es recibido en casa de Martha, quien vive con su hermana. El evangelio de Juan narra que además Lázaro es hermano de ambas. En esta escena sólo están las dos hermanas. 

Este pasaje se comprende mucho mejor tomando en cuenta las circunstancias que le anteceden. 

Anteriormente un Maestro de la Ley le hizo una pregunta a Jesús, para ponerlo a prueba: qué debo hacer para ganar la vida eterna. La respuesta de Jesús le hizo volver a la Escritura: qué lees en ella. Como buen conocedor de la Escritura, el rabino refirió “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Para dejar fuera cualquier duda sobre quién es el prójimo, Jesús narra una parábola en donde se exige la compasión y misericordia para salvar la vida de un hombre herido. Al final, queda este mandamiento: “anda y haz tú lo mismo”.

Jesús continua su viaje, unos días atrás había tomado la firme determinación de subir hacia Jerusalén a la manera de los grandes profetas de Israel que murieron martirizados. Estaba cerca, el relato de este domingo nos dice que se detuvo en una aldea, sin decir el nombre, pero la información que ofrece el relato de Juan, coloca la casa de Martha y familia en Betania a unos 3 kilómetros de Jerusalén. Pues estando en ese pueblo, es recibido por Martha en su casa, ahí está su hermana María. 

Pronto se dejan ver las actitudes en estas dos mujeres que sirven para mostrar la enseñanza del Evangelio: Martha recibe al Señor en su casa, pero está muy ocupada, no tiene tiempo para sentarse a sus pies y escuchar su Palabra. Escuchar su Palabra… pero ¿no hay aquí una clara referencia al mandamiento que el libro del Deuteronomio recoge (6, 4-9) Escucha Israel…?

María comprende que ésta es la oportunidad de su vida para hacerse discípula: se coloca a los pies de Jesús y escucha atenta. Martha, en cambio, preocupada y ocupada de los quehaceres no puede hacerse discípula. 

Si en la parábola del buen samaritano la exigencia era tener compasión y misericordia ante el sufrimiento y la vida lastimada, ahora la exigencia es saber escuchar la voz del Maestro. No es un reproche hacia el trabajo y el esfuerzo cotidiano, recordemos la sentencia de San Pablo a los Tesalonicenses (3,10): “el que no trabaje que no coma”. El cumplir con nuestro trabajo cotidiano es medio de santificación y de ganar la subsistencia honradamente, pero qué pasa cuando eso mismo se vuelve obstáculo para vivir, en ese caso vida se subordina al trabajo. A menudo lo esencial se nos escapa de las manos, 

María encontró la mejor parte y nadie se la quitará, que coincide con otra advertencia de Jesús: que las preocupaciones de este mundo no emboten nuestra mente (Lc 21,34-36). 

Acción

Como María, escojamos la mejor parte: escuchar a Jesús. Pongamos todo nuestro esfuerzo en hacer las cosas del Señor, y todo lo demás vendrá por añadidura. Hagamos un esfuerzo por mantener en equilibrio nuestra vida oración y vida espiritual con las responsabilidades y trabajo cotidiano.

Oración

Gracias señor por este encuentro con tu Palabra, gracias porque, por medio de esta  meditación, me enseñas a mirar las necesidades de mis hermanos antes que las mías, enséñame a ser paciente y misericordioso como tú. Que tu Palabra Señor habite en mí ahora y por siempre, amen.

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