Oración

Señor Jesús, ayúdame a revestirme de tus mismos sentimientos, quiero ser discípulo tuyo, quiero obtener la paz, pero lo autentica, la que se logra después de las batallas con uno mismo, la paz que deviene de vencer mis vicios y males, quiero experimentar tu paz que no es quietud ni indiferencia ante la vida del otro, de eso estoy lleno y quiero vaciarme. Quiero, Señor, experimentar el fuego de tu Espíritu, y jamás olvidar la vocación al amor y servicio al que me has llamado.

Amén.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 49-53):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor

Meditación

En muchas culturas el fuego aparece como símbolo de la divinidad. Quizá por su fuerza transformadora de la materia, por resistirse a ser aprehendido en las manos de quién lo toca y por romper la oscuridad y tinieblas. 

Para el pueblo hebreo, también, significó la presencia de Dios; hay una lista extensa para ser nombrada, por citar dos ejemplos, en el Sinaí, Moisés se encontró con una zarza que ardía sin ser consumida, ahí escuchó la voz de Dios que anhelaba libertar a su pueblo de la esclavitud. Y más tarde, una columna de fuego guiaba al pueblo en su salida de Egipto.

Para Jesús, el fuego tiene que ver con recibir un bautismo, una misión, un modo de ser y estar en la vida. El fuego es el mismo Espíritu de Dios, quien convoca a responder con radicalidad y generosidad a la voluntad del Padre, voluntad que nos conduce por caminos a la libertad y compromiso con la vida. Es decir que nos lleva tomar partido por la causa del evangelio, pero esto mismo nos hace confrontarnos, primero con nosotros mismos, exige una revisión profunda de nuestro estilo de vida, lo que consideramos valioso, por lo que nos esforzamos continuamente.

Una vez que nos hemos visto, lo más transparente que podamos, hay que mirar al mundo, a quienes nos acompañan en la vida, también a las estructuras sociales en las que nos desenvolvemos. El evangelio se vuele punto de partida y punto de llegada, una lupa para mirar al mundo, y marcar nuestra postura para un lado o para otro, pero estar conscientes del peso de nuestra decisión. 

Si asumimos de verdad nuestra vocación de bautizados, podremos hacer un cambio en nuestra sociedad. Pero los males de nuestro tiempo nos dicen que no hemos sido somos auténticos, o por lo menos no hemos perseverado en nuestra llamada a ser ciudadanos del Reino. 

Oración

Gracias señor por este encuentro con tu Palabra, gracias porque, por medio de esta  meditación, me enseñas a mirar las necesidades de mis hermanos antes que las mías, enséñame a ser paciente y misericordioso como tú. Que tu Palabra Señor habite en mí ahora y por siempre. 

Amén.

Acción

Revisemos nuestra actuar cotidiano, pidamos el fuego del Espíritu para que extinga nuestra corrupción y los males que acogemos en nuestra vida. Trabajemos con insistencia y esperanza en nuestra persona y acompañemos procesos de conversión de quienes caminan con nosotros.

 

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01-09-19

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