Invocación

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Amén.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3, 16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor

Meditación

Dice un himno de la oración de la mañana: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, salimos de la noche y estrenamos la aurora… Así, inseparables las tres Personas, unidas en el misterio del único Dios, el misterio de la Santísima Trinidad.

La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a sumergirnos en ese mar de amor infinito que es Dios y a gozar de dicho amor, entrando en comunión de vida con el único Dios. Así como lo hizo Moisés, obteniendo una respuesta de Yahvé quien, al pasar junto a él, le reveló su identidad: “Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”.

Acerquémonos a este amor trinitario de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu… Aprendamos a crecer en nuestras relaciones movidos por el amor de Dios, confiemos nuestra vida, trabajos y preocupaciones en manos de la Divina Providencia.

Dando abundantes frutos como signos del amor de Dios, ya que su amor nos compromete a ser testigos de una vida nueva, proclamando nuestra fe en este Dios Uno y Trino.

Contemplación

Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, me gustaría contarles una anécdota que se le atribuye a san Agustín cuando meditaba sobre el misterio que celebramos en este día. La historia es muy conocida, lo que no es tan conocido son las tres enseñanzas que brotan de ella. Prestemos atención: 

Un día san Agustín paseaba por la orilla del mar reflexionando sobre la doctrina de la Trinidad. De repente, alzó la vista y vio a un niño jugando en la arena. Se deleitaba viendo que el niño corría hacia el mar, llenaba un recipiente con agua y regresaba a donde estaba para vaciarlo en un pozo que había cavado. San Agustín, sumido en gran curiosidad le preguntó al niño qué pretendía. El niño le respondió que quería meter toda el agua del mar en su pozo. San Agustín se rió diciéndole que eso era imposible. Pero el niño le respondió muy convencido: es más fácil que yo meta toda el agua del mar en mi pozo a que tu comprendas el misterio de Dios. 

De la anécdota obtenemos tres lecciones: 

a) El misterio no es algo aterrador, espeluznante, sombrío ni imposible de acceder. Por el contrario, el misterio de Dios es una realidad tan inmensa que no podemos comprenderla por completo. Es vital adentrarnos en el misterio porque siempre habrá una riqueza que nutra nuestra existencia, siempre tendrá algo con que sorprendernos gratamente. 

b) El misterio de la Santísima trinidad no podemos comprenderlo por completo, pero eso no significa que sea una realidad inaccesible o incomprensible. Precisamente por eso Jesús se encarnó en nuestro mundo para revelarnos quién es el Padre y para darnos al Espíritu Santo. Dios está más cerca de lo que podemos imaginar y desea que lo conozcamos. 

c) El agua del mar es como el amor de Dios y el pozo del niño es como el corazón del ser humano: el mar siempre tiene agua mientras que el pozo siempre necesita llenarse. Nosotros podemos ir al mar con la certeza de que siempre tendremos agua para nuestro pozo; siempre podremos ir a Dios con la seguridad de que encontraremos amor para nuestro corazón.

«Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (San Agustín).

Oración final

Te damos Gracias Jesús, porque tú has atravesado los muros de nuestro corazón duro; has entrado a nuestra vida para hacer de cada uno de nosotros, un servidor tuyo. Ayúdanos a no contentarnos sólo con servir, sino también sentir tu presencia, que nuestro apostolado sea también contemplación de tu resurrección, que seamos capaces de vivir un encuentro contigo cada día.

Amén.

Producción de audio y Voz:
Hno. Eder Oswaldo Triana Alcocer.

Por:
P. Antonio G. Escobedo Hernandez, Cm.
Sor Yolanda Elvira Guzmán Yeh, Hc.

Archivos para descargar:
Mp3:Missio lectio – Domingo de la Santísima Trinidad mp3.
PDF:Missio Lectio – Domingo de la Santísima Trinidad pdf.

Música:
Mi cuerpo es comida – Cristobal Fones
Distant Fortune – Daniel Kadawatha
Yellow Hills – Daniel Kadawatha

Contacto:
missiodigital@gmail.com

73