Invocación

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Amén.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 36-10, 8):

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los Doce Apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”

Palabra del Señor

Contemplación

¿Te has puesto a pensar en el tesoro tan inmenso que se encuentra en algo tan pequeño como una hostia y unas gotas de vino?

La fiesta del Corpus, que ahora se llama “del Cuerpo y Sangre de Cristo”, se ha arraigado profundamente en el pueblo cristiano desde que nació allá por el siglo XIII. Se trata de una celebración que lleva a poner toda la atención en la Eucaristía. Ahí, la vida se convierte en un perpetuo intercambio de amor: Jesús me entrega todo lo que es y yo le entrego todo lo que soy. Su cuerpo y sangre ya no son suyos sino míos; y cuando yo los acojo mi cuerpo ya no es mío sino suyo. Esta entrega mutua no es hermética porque me lleva a hacer lo mismo que hace Jesús: ofrecer lo que tengo para que se transforme en vida para el cuerpo de la Iglesia.

Desde esta perspectiva, el simbolismo de la comida y la bebida impresiona por su simplicidad. En la hostia, que es un trozo de pan ácimo (sin levadura) hecho de harina de trigo con forma circular (cf. CDC 924 §2), se actualiza nuestro deseo de entrar en una relación de amor recíproco con el Señor. En el vino, que debe ser natural, del fruto de la vid y sin ningún aditivo ni conservadores, se condensa nuestra verdadera alegría (cf. CDC 924 §3). Unos gramos de pan y unas gotas de vino dejan de ser tales y se convierten en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor. Ese alimento tan frágil y tan humilde es un manjar donde Jesús toma nuestras energías vitales y, multiplicándolas, las lleva a plenitud. Así, en el camino difícil de la vida, el Señor nos da fortaleza y júbilo que desbordan nuestro ser. 

Recuerdo con afecto una visita que hice a la iglesia de Tabgha en Israel. Ahí se conmemora el momento de la multiplicación de los panes. Al pie del altar se encuentra un mosaico donde se aprecian dos peces y cuatro panes dentro de una canasta. Me extrañó porque el evangelio dice que son cinco panes y no cuatro. Uno de los padres que custodian la iglesia me advirtió que no había ningún error en ese mosaico. En realidad sí existe el quinto pan: el quinto pan es el que se coloca sobre el altar en cada Eucaristía porque Jesús sigue dándose hasta nuestros días y lo seguirá haciendo para siempre. 

Ojalá tuviéramos en verdad más hambre y más sed de Cristo. Recordemos que nuestra verdadera vida, la más profunda y la que da sentido auténtico a nuestra existencia, se encuentra en el Cuerpo y Sangre de Jesús que nos capacitan para una entrega en el Amor, por el Amor y con el Amor.

Oración final

Te damos Gracias Jesús, porque tú has atravesado los muros de nuestro corazón duro; has entrado a nuestra vida para hacer de cada uno de nosotros, un servidor tuyo. Ayúdanos a no contentarnos sólo con servir, sino también sentir tu presencia, que nuestro apostolado sea también contemplación de tu resurrección, que seamos capaces de vivir un encuentro contigo cada día.

Amén.

Producción de audio y Voz:
Hno. Eder Oswaldo Triana Alcocer.

Por:
P. Antonio G. Escobedo Hernandez, Cm.

Archivos para descargar:
Mp3:Missio lectio – Domingo de Corpus Christi mp3
PDF: Missio lectio – Domingo de Corpus Christi pdf.

Música:
Mi cuerpo es comida – Cristobal Fones
Distant Fortune – Daniel Kadawatha
Yellow Hills – Daniel Kadawatha

Contacto:
missiodigital@gmail.com

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